23/12/15

BARBARIE



No es la primera vez que la sangre se me pegó en la retina, que la maldita muerte sonríe en las pantallas mientras el mundo se desangra en palabras ofensivas de las razones y porqués, de intereses ajenos, lejanos a nuestra humanidad diciendo esto que habla de lo que nos diferencia de la bestia pero viendo a la distancia la cruda verdad que el ser que no sabe de odio es el animal. Mi perro y mi gato me miran desde lejos parado en el umbral haciendo luto a mi sombra que se desprende de mí empujada por la luz, pero en el fondo sé que ellos saben de mi pesar, que es por esa gente inocente y sin rostro que mis ojos se nublan, no me hace falta de nuevo escuchar los gritos y los estruendos para saber hacia dónde vamos. Como una trama absurda del tiempo luciérnagas se hunden en el barro mientras polillas se golpean contra la lámpara hasta dejar de existir ¿Será por esos sueños que quedaron sin cumplir? Mientras la barbarie sigue hurgando entre los huesos seguiré nombrándoles sin nombres escupiendo con furia la justificación de lo injustificable entonces trataré de dormir bajo la noche sin estrellas un sueño tranquilo y mudo, un sueño DE PAZ.                                                                                       Pablo Fogos

Distancia



Suelo pensar que el tiempo es un lugar que no tiene fronteras ni limitaciones con respecto al lugar donde estoy parado ahora como si se pudieran unir todos mis etapas biológicas y con ellas pensar que en cualquier momento podría cruzarme hasta un recuerdo para encontrarme con la gente que de un modo u otro tocó mi existencia con la suya. Que tonto es pensar que lo que hicieron y hacen aquellos seres es menos importante de lo que hago y lo que hice yo, por el simple hecho de haber existido y existir a pesar de no compartir el presente, tienen la grandeza de persistir en mí, la generosidad de volver para rescatarme del olvido de no saber quién soy. Entonces la distancia se diluye para encontrarnos con los signos precarios pero poderosos de lo más simple de la vida; una palabra que sintetiza todas aquellas que la nombran dándole alma y cuerpo a sonrisa, a abrazo, a beso. Sé que solo soy memoria si me recuerdan y dejo de ser en el trajín de los días mundanos cuando  terminan y llega la noche, ya que en el sueño todo se desvanece. Escucho la misma canción que me ayuda a demorar la muerte de las horas pero las notas son tan suicidas que deben hacerlo para que exista melodía quedándose dentro como un hormigueo que persistirá hasta que un nuevo anhelo me exija volver a escucharla. Una copa de vino me obliga ver el cielo al beberla, midiendo mi derrota al mirar las estrellas, no habrá más penas ni olvidos dice el tango mientras el viento silba cruzando la noche para traspasar la paredes y encontrarme nuevamente con ustedes.
                                                                                                                                         Pablo Fogos

24/7/15

El Meón 1/9- El Accidente

No sé si es necesario escribir el momento exacto de mi vida en que me ocurrió lo del accidente pero es probable que fue cuando mamá Martina ya no estaba entre nosotros, diez, once años. Nos habían invitado a mis hermanos y a mí al cumpleaños de Mario “Biagio” lo pongo entre comillas porque no es el apellido real, este niño había nacido con algunos problemas físicos pero el más notorio era el de una joroba, no era muy social y no éramos sus amigos pero nuestros padres buscaban atenuar alguna tirantes con los suyos así que fuimos obligados a asistir a su fiesta, en lo personal detestaba los cumpleaños, la granadina, el chocolate y la torta que mezclada con una variedad de golosinas hacían un peligroso coctel en las tripas de una veintena de niños, los gritos por los juegos y la música tapaban el sonido  irregular de las flatulencias no pudiendo hacer lo mismo con los olores hasta que venía un adulto apretándose la nariz a invitarnos de manera directa a jugar en el patio. Esta relación conflictiva entre mis padres y los “tanos Biagio” había surgido de una discusión que había tenido mi madre embarazada  y doña “Chela” también embarazada, en un vientre yo en el otro Mario, nunca supe cual fue el motivo que derivó en esta pelea entre las mujeres lo cierto es que doña Chela que tenía fama de curandera maldijo a mi vieja y a la criatura que llevaba en su vientre o sea yo, mi vieja que no era ninguna ignota en estas hierbas que atañen al conocimiento de la metafísica le mando un te "recontra” y va de retro. Tal vez solo tal vez por esto el que salió perjudicado fue el pobre Mario pero solo Dios lo sabe. Ese día del cumpleaños de Mario “Biagio” todos los niños jugaban en el patio, yo había quedado en un rincón como siempre que tenía que interactuar con mis pares, los observaba como separado de la situación del festejo y de sus juegos hasta que advertí que mis hermanos no estaban allí, miré hacia todos lados buscándolos con la mirada. Cerca de la puerta de entrada doña Chela los acompañaba a salir, me apresuré a pasar entre los niños que parecían atravesarse adrede para dificultarme llegar cuando logré hacerlo fue ella que me detuvo explicándome que ellos volverían pero fue tal mi insistencia que  no pudo detenerme. Al salir vi a mis hermanos que cruzaban la calle en la esquina corrí desesperado y crucé sin mirar, quisiera decir que el auto que me llevó puesto venía a una velocidad increíble y que su tren delantero quedó destruido al chocar conmigo pero lo cierto es que el automóvil  comenzó arrancar porque su motor se había detenido y lo venían empujando pero yo era muy frágil físicamente volé por el aire y caí duramente en el asfalto pegando mi cabeza contra el cordón de la vereda, fue un instante pero me vi suspendido en la oscuridad absoluta, flotando en el espacio como un astronauta que lo ha abandonado la nave, sentí pánico de eso tan vasto y misterioso, luego un golpe de luz me cegó, con los ojos entrecerrados y la vista nublada pude ver a mi madre que me sostenía angustiada. No recuerdo el dolor, si la sangre que corría caliente por mi cara, recuerdo haberle preguntado si me estaba muriendo, el dueño del auto nos llevó al hospital allí me hicieron todos los estudios que se acostumbran en estas circunstancias; placas radiográficas y otros estudios para asegurarse que de que no hubiera secuelas, me vendaron la cabeza como una momia y me mandaron a la casa ahí mis hermanos lloraban y me abrazaban porque vencí a la muerte. Con el tiempo uno comienza a encontrarle ciertas teorías o explicaciones a ese acontecimiento que me tocó vivir que tienen que ver más con las supersticiones que con la objetividad, pero si uno lee detenidamente todo coincide ¿La maldición de doña “Chela” casi se cumple? Lo extraordinario vino después, una capacidad de ver lo que otros no y no es una simple atribución de alguien que escribe. 

El Meón 1/8- Hermanos 2

Con mi hermano Daniel nos unía más que nada la mayoría de los juegos infantiles y una tierna rivalidad por los abrazos y los consentimientos de mamá Martina, por una circunstancia diríamos biológica de la madre que nos parió terminó siendo “madre de  leche” de mi hermano menor ya que ella tenía una hija de su edad a la que amamantaba que acabó siendo como una hermana ya que compartía su crianza con nosotros. Nunca hubo un lugar mejor para esconderme de las hostilidades del mundo que entre las tetas de mamá Martina, el olor del sudor de su piel o los aromas de las comidas que ella hacía que me hacían sentir protegido, tal vez subconscientemente sea un lugar que la memoria olfativa siempre busca desde aquellos tiempos en aquel lugar distante de la infancia.
Daniel siempre fue un burlista, alguien siempre quería pegarle por algunas de sus bromas, a lo largo de la vida muchas veces tuve que poner la cara ante un cachetazo o una trompada y así me vi obligado a aprender las reglas de la pelea callejera otras veces puse mi integridad física ante algún castigo de mi viejo, era como una máxima que había recibido de mamá Martina “cuidalo al Danielito” siempre recuerdo esa noche en que me lo dijo, estaba muy enferma y mis viejos le habían dado una habitación de la casa para poder cuidarla tarea de un pariente de ella y de mi madre Monona cuando se hacía un tiempo. Yo le leía, a ella le gustaba que le leyera, siempre me auguraba un futuro profesional repitiendo “algún día vas a ser dotor” esa noche le di un beso en la frente y le tomé la mano hasta que se durmió. Pobre mamá Martina, pobre de mí, nunca hubiera sospechado que eso era una despedida, al día siguiente se la llevaron a un lugar que se llama Sebastián Elcano y yo nunca más volví a verla. No preguntaba porque le temía a la respuesta aunque en el fondo la sabía. Desde ese día mi hermano Daniel fue mi prioridad aunque no pude cumplir completamente mi promesa no puedo decir que no lo intenté y el día que se estaba casando quise decir que me oponía pero el cura no preguntó lo que uno acostumbra a ver en las películas o las novelas “…si hay alguien en este recinto que se oponga a esta unión que hable ahora o calle para siempre”  pero el ensotanado no preguntó así que me dije una serie de dichos como para conformarme “a llorar al campito” “decí alpiste…” “a lo hecho pecho”. Ahora el Don Juan vive hechizado por los encantos de su mujer y no lo digo porque sea una bruja ya que por ella tengo cinco encantadores sobrinos.
Poco después de la muerte de mamá Martina yo ya hacía tiempo que no me orinaba en los pantalones pero sabía que el estigma lo llevaría siempre, fui y seré “el meón”, si las cosas eran difíciles, con su ausencia se iban a poner peor. Mi madre anunciaba un nuevo embarazo y algo comenzó a colapsar en mí no sé y nunca supe si fue por esta razón que mi viejo me llevó a un viaje que hizo a La Rioja a la casa de un amigo, el tano Nino, los dos solos, él y yo. Recuerdo ese viaje como un punto de encuentro entre los dos,  instantes que no tienen una connotación extraordinaria pero que en la vida de cualquier hombre puede determinar algo trascendental en su futuro en este caso en mi presente. No sé si fue la primera vez que mi padre me dio la mano para cruzar la calle pero no recuerdo una anterior ni posterior que esa vez que estuvimos en La rioja me llevó a una calesita que yo me resistí a subir hasta donde pude pero que acepté por el entrecejo fruncido que comenzaba a acentuarse cada vez más en su cara a pesar de sentirme desubicado entre los niños de tres o cuatro años que me rodeaban, la mirada de sus padres que presenciaban el ridículo de que mis rodillas casi me dieran en la cara al sentarme en el caballito de aquel carrusel para niños de hasta cinco años teniendo en cuenta que yo alcanzaba los diez, le perdoné esa humillación solo porque sabía poco y nada de un chico de mi edad. Lo cierto es que nuestro viaje se vio interrumpido por un llamado de Córdoba por un posible alumbramiento anticipado de la que sería mi primera hermana en ese regreso sucedió algo que mi padre contaba como una anécdota graciosa el hecho de que me dieron ganas de orinar y era uno de esos micros que no tenían baño así que él me hizo mear en una bolsa, nunca olvidé la cara de la mujer del asiento del otro lado del pasillo como si eso fuera algo inconcebible, cuando llegamos todo había resultado ser una falsa alarma, unos meses después gateaba el más tierno ser, que inocente que fui, lo que había sido un comienzo de unión con mi viejo se rompió totalmente, no había nada más importante para él que esa bola de carne en pañales que andaba en cuatro patas por toda la casa. Pero la verdad que ni yo pude contener la ternura que me causaban sus morisquetas y su risa que llenó aquella casa de varones en rincones rosas con sus aromas particulares a niña, a pesar de mi corazón cautivado sabía que ella fue la causante del fracaso de un posible acercamiento definitivo con mi padre. A medida que crecía aquel ser crecían sus caprichos y berrinches a los que mis padres cedían sin miramientos creando sin saberlo un verdadero monstruo en poco tiempo se instauraba la “gran” dictadura de la pequeña Andre, el mundo giraba en torno de ella y así fue creciendo creyéndolo, la soberbia no es una enfermedad pero se cura. No hace falta nombrar la oscuridad de esos días de mi vida en que la violencia y la injusticia fueron la contestación silenciosa y sorda ante el “yo no hice nada”. Pero todo eso quedó en el pasado, hoy a pesar de sus patologías ha logrado superarse en la vida, se casó con un contador y son padres de un prodigio.
Unos años después llegaría mi otra hermana, es cierto que al principio pensé que la pesadilla se duplicaría pero por suerte fue todo lo contrario, la nombraron como mi abuela paterna, Amalia pero se hizo querer y nombrar con el segundo, Celeste, para mí es “el bicho” como le digo con cariño hasta el día de hoy, el apodo le quedó de aquellos años en los que la naturaleza no se congraciaba con ella pero la belleza que no tenía por fuera la tenía interiormente, sufrió la enorme diferencia que hizo mi padre con respecto a su primera hija actitud que me unió aún más con ella, pero su sensibilidad le ayudó a sostenerse con humildad en la vida. Hoy es madre de dos hermosas niñas y esposa de un gran hombre. Gracias por siempre “bicho” hermana del alma por haberme acompañado y sostenido con tu luz en mis días de oscuridad.

El Meón 1/7- Hermanos 1

  

Se asomaban los ochenta y mi hermano Fabián estaba en plena adolescencia, la música sonaba por toda la casa cuando él estaba, Creedence Clearwater revival, Olivia Newton John, la Electric Light Orchestra, Kiss, sonidos tan disímiles como uniformes en lo que era la moda de esa época “La música disco” series como “Fama” o película como la de “Fiebre del sábado por la noche” después vendría “Flashdance” había inspirado a mi hermano de tal manera que lo veía bailando en cualquier actividad que estaba haciendo, bailaba todo el tiempo, él ayudaba a despostar las medias res en la carnicería de mi padre había aprendido de pequeño el oficio, con la salvedad que lo hacía bailando, tiraba el cuchillo y la chaira hacía arriba y estos parecían quedar suspendidos en el aire un instante mientras  él giraba y saltaba al mejor estilo de Leroy Johnson personaje de la serie fama sin equivocarse en la exactitud de los movimientos siguiendo la música que salía de un pequeño grabador Hitachi, cuando se terminaba la cinta daba vuelta el casete y vuelta a empezar, eran mágicos esos momentos y siempre los guardo en mi memoria como un tesoro preciado, me había convertido en su primer admirador después vendrían otros ya que los sábados en distintos clubes se organizaban competencias de baile en donde por supuesto el brilló convirtiéndose en poco tiempo en una verdadera estrella, su popularidad creció de tal manera que era llamativa la cantidad de chicos que querían aprender sus pasos, se sumaron más amigos a su barra de siempre y claro comenzaron a aparecer las chicas. Mi padre le daba libertad siempre y cuando no se olvidara de sus obligaciones, un día le dijo que quería ir a la escuela de Bellas Artes a aprender danza clásica y teatro, mi viejo lo miró un instante en silencio para decirle “En ese lugar está lleno de maricones, dejá de pensar boludeces que hay mucho trabajo…” sin su apoyo unos meses después se estaba inscribiendo para que en un corto tiempo mi madre que si lo apoyo en secreto y mis hermanos lo viéramos en una obra en el teatro del Libertador General San Martin, era una pequeña obra y tenía un papel secundario hacía del único hijo varón de siete hermanos el dialogo era insignificante pero qué importancia podía tener esto si el tipo estaba en el teatro más importante de Córdoba, aplaudía yo de pie, hoy puedo decir que aplaudía su valentía más que a su talento. Siempre está suelto como disgregado del resto de los recuerdos que va disolviendo el tiempo por qué son inútiles a la construcción de un hecho definido, una palabra o una mirada que acompañada de su sonrisa estaba la presencia extraordinaria de mi hermano Fabián quisiera decir que él triunfó en lo que fue su sueño mayor pero no, formó una gran familia que más allá de los desencuentros y los infortunios que la verdad de la vida le enrostró logró desandar el delgado camino de los que luchan y ponen el cuerpo por todos y así como un día un tal Ernesto comenzó a ser el “che” un día Fabián comenzó a ser “Pichón”, tropezando y encontrando porciones de verdad que se alejan de la comprensión del común. Para mí él es el jinete de los sueños, es probable que el potro de la vida lo sacuda y hasta lo tire pero jamás desistirá hasta domarlo, en mis recuerdos me permito seguirlo viendo bailando entre las luces intermitentes y las estridentes notas de los Bee Gees       
 “…What you doin’ on your back aah
You should be dancing, yeah Dancing yeah…”


Yo no quería a Gabriel solo porque era mi hermano sino porque admiraba la capacidad que tenía de desprenderse de la estupidez que nos imponía la corta edad y la inexperiencia, cómplice perfecto para destruir el aburrido plan de la rutina, de las trivialidades de un niño cualquiera, un embustero que simulaba leer las noticias a ancianos allegados a la familia a cambio de alguna recompensa quedaban agradecidos pero consternados casi al borde del infarto luego de haber escuchado las catástrofes, las crueldades y las atrocidades del mundo que sin pestañar salían de su boca, un gran exponente del amarillismo periodístico y precursor del relato mentiroso de algunos políticos. Con mi hermano nos unían todas las aventuras, aunque han pasado muchos años nunca pude llegar a entender que era lo que pasaba por la cabeza de ese chico al que todos llamaban “el ciruja” que acompañado de un enorme perro se llegaba hasta la escuela solo para esperarnos a la salida a mi hermano Gabriel y a mí, siempre recuerdo ese instante antes de correr su mirada algo siniestra y la sonrisa perversa dibujando una extraña satisfacción en la comisura de los labios pero eran milésimas de segundos antes del “Cache Nerón…Cache” el resto de los chicos de la escuela esperaban todos los días el espectáculo, apenas salíamos veíamos aparecer en la esquina las figuras inigualables de “el ciruja” y Nerón perro feo si los había que parecía haber sido criado con carne humana por el tamaño nunca vi una bestia parecida le cruzaba una cicatriz enorme sobre el hocico que llegaba unos centímetros debajo de dos ojos que parecían inyectarse en sangre cuando nos veía, siempre era lo mismo ellos parecían surgir de la nada y nosotros como posibles presas que no le quedaba otra opción que correr, él parecía darnos una especie de ventaja en un pequeño momento dentro del tiempo de los mortales para mí era interminable y entre la tierra suspendida en el aire y los chicos de la escuela expectantes en mi cabeza surgía de ese silencio ficticio la música de un western espagueti cuando comenzábamos a correr se quebraba lo detenido con el griterío de los que arengaban a favor nuestro y los malditos en contra. Nerón nunca nos alcanzó y por el contrario nos favoreció mi hermano terminó jugando en un club de futbol (Alianza) siendo un win muy veloz y yo algunos años después llegué a representar a mi colegio en la secundaria en la carrera de cien metros aunque esa vez perdí porque se me caían los pantalones pero esa ya es otra historia. “El ciruja” años después resistió a los tiros a la policía que lo había rodeado, me enteré que logro sobrevivir y yo me alegré por eso. Pero lo que más recordamos con mi hermano de aquellos tiempos era esa acción universal que es escaparse de la escuela y que todo aquel que fue niño lo hizo acá en esta parte del mundo le llamamos “chupina” o en todo caso “hacerse la rata” lo cierto es que nosotros hicimos una que casi nos cuesta lo que en el presente nos hace padres, en aquel tiempo no tomábamos conciencia de la realidad que hablaba de desaparecidos y muertos, de comunicados y dictadura, el gringo Valencia, el negro Suarez, el loco Monsalvo, mi hermano y yo nos subíamos a un colectivo y terminábamos en alguna parte de la ciudad pero una vez se nos hizo difícil volver y la noche nos sorprendió, mis viejos pensaron lo peor sabían que su militancia política era arriesgada y los que tenían el poder solían golpear a los audaces a donde más le dolía para ellos éramos siempre posibles víctimas de la impunidad reinante, mi viejo tocó unos contactos en la fuerza para que toda la policía de la ciudad nos buscara por cielo y tierra mientras nosotros habíamos conseguido haciendo dedo que una camioneta nos acercara a una ruta próxima a nuestro hogar, de a uno se iban descolgando los camaradas en diferentes tramos para llegar a sus respectivas casas los últimos fuimos nosotros a medida que nos acercábamos luces de patrulleros parecían recibirnos en medio de la oscuridad ya que se había producido un apagón, los reflectores no tardaron en dar en nuestras caras espontáneamente levantamos las manos, se escuchó alguna risa el que no se reía era mi hermano mayor Fabián que con un patadón en el culo nos metió para adentro para decirnos todo lo irreproducible que puede decir en una vida cualquier hijo del señor, pero no tardó en abrazarnos con lágrimas en los ojos y mejor no cuento el castigo que nos dio mi viejo. Mi hermano Gabriel sufrió un shock sicológico a consecuencia de haber visto la herida en la garganta que producto de una pelea callejera había recibido un tío que vivía en casa; un insípido cantante de tangos tío de mi madre y hermano de mi abuelo el guardia cárcel, vivía en una pieza en el fondo de casa, era alcohólico y había sido abandonado por su círculo más próximo; hijas, yernos y nietos. Mis viejos le dieron cobijo y contención acompañándolo en su enfermedad, nosotros lo queríamos mucho tenía una galería de chistes tontos y frases o modismos que lo hacían un verdadero personaje tales como “Borracho treinta y tres veces” “Nunca esa mano” “yo cuando era chico era una preciosa “cratura”” estas según en el contexto  de lo que se estaba hablando eran acotaciones desopilantes nosotros nos moríamos de la risa. Ese día golpearon la puerta y mi hermano Gabriel atendió era mi tío que trataba de cubrirse con una mano la herida en la garganta, mi  hermano de la impresión perdió el habla, si es bueno saberlo mi tío no murió ya que mis viejos no perdieron tiempo para llevarlo a un hospital. Ese acontecimiento me decía de manera insoslayable de como el destino a veces se ensaña con aquellos que se atreven a engarzar palabras sin tomar plena conciencia de lo que hacen, la consecuencia de una alquimia metafísica fallida como un mensaje oscuro y a la vez irónico, dos personas que quería no podían emitir palabras. Mi hermano fue tratado por un psicólogo que en algún momento me había atendido a mí pero considero que el mejor tratamiento fue el de leerle todo el tiempo como una manera de terminar con la maldición, desafiando al silencio y llenarlo de palabras, las bonitas que se parecían a la luz, a los cielos estrellados de Neruda, los juegos bellísimos de Cortázar, las maravillas trágicas de García Lorca o el amor hecho sonido de Benedetti pero todo esto que hacía parecía estéril ante inmutabilidad de mi hermano que seguía mudo como un zapato hasta que un día se produjo el milagro y mi hermano Gabriel volvió a hablar su primera palabra fue “PUTO”.

El Meón 1/6- MONONA, LA MADRE QUE ME PARIO


Esa mujer a la que todos llamaban y llaman Monona y yo siempre ignoré el por qué había construido su historia personal con hechos puntuales de su vida, su padre era guardia cárcel y eso lo hacía alguien que miraba de manera diferente a los prepotentes que están de la parte de afuera, este hombre poseía un conocimiento que hasta él mismo no alcanzaba a darle el valor merecido, un cristal donde podía ver un lado desconocido e ignorado de los insensatos que viven sin la presión de estar recluidos en una celda. Él era un padre amoroso y responsable que supo darle a ella y a sus hermanos el cariño, alimento y educación que cualquier cristiano necesita, su vocabulario y sus chanzas bordeaban la vulgaridad y el doble sentido pero sin abandonar la compostura frente a las señoritas que integraban el hogar, era peronista hasta la médula y nunca faltaba un grito con toda la geta de ¡viva Perón! Su madre se llamaba Lorenza y terminaba en estado de ira cada vez que este con una copa de más contaba cuentos verdes que doblaban en obscenidad por ser versiones que le contaban los presidiarios, su madre había formado parte de las “Mujeres de EVITA”  con las que se reunía a escuchar sus discursos por la radio y las que lloraron desconsoladamente cuando informaron su deceso por el mismo medio. Monona adquirió el don de la palabra influenciada por extensas lecturas e inspirada por su espíritu autodidacta encontró su vocación de enseñar, extrajo todo el dinero de su caja de ahorro con el que compró un lote y un tranvía en desuso para dar clases a todos aquellos que quisieran salir de la ceguera que significa no saber leer ni escribir, fundó la escuela San José Obrero aunque no conste en actas lo importante es siempre el testimonio vivo de los tantos que aprendieron a leer y escribir sus nombres.
Mi abuelo materno el guardia cárcel tenía fama de “Don Juan” y mujeriego según el “chusmerío” “…y más agachadas que japonés con visitas” les había escuchado decir a algunos parientes, terminó fugándose con alguien a la que apodaban “la gallega” pero un tiempo después volvió a los brazos de mi abuela quien lo perdonó y lo recibió como si nada hubiera pasado. Le gustaban los pájaros y tenía una enorme jaula con una gran variedad de especies, a diferencia de mi otro abuelo que me decía “los pájaros los ha hecho Dios para que vuelen y cumplan con el ritual de la vida en las ramas de los árboles, nadie debería monopolizar su libertad solo por un gusto personal” así que me tomé la atribución de liberar a los convictos porque consideré que no habían cometido ningún delito, a partir de ese momento declaramos la ruptura de nuestra relación familiar no solo porque me puteó en todos los idiomas sino porque me corrió una tarde completa por toda la casa con un cinto sin poder alcanzarme, creo que su enojo era más siniestro de lo que vi en ese momento, los prisioneros habían escapado de su cárcel.

Monona es la madre que no elegí y la que amo, me parió un viernes santo y solo por ese motivo me nombró Jesús. Siempre admiré su compromiso social y su gran espíritu de solidaridad.